Consejos ante la fiebre

Con frecuencia al inicio de la vida escolar los niños son más propensos a padecer más infecciones, y como consecuencia en ocasiones tienen fiebre.

Consejos ante la fiebre

La fiebre es un síntoma muy común en la infancia, en especial en los primeros años de vida, siendo más frecuente su aparición entre los 3 y 36 meses, con especial incidencia en los niños que acuden a las guarderías.

¿Qué se considera fiebre?

La fiebre es la elevación de la temperatura corporal por encima de los valores normales, considerándose febrícula entre 37º y 38ºC y fiebre a partir de 38ºC.

¿Por qué se eleva la temperatura?

La fiebre es una respuesta de nuestro organismo para combatir la infección y activar las defensas que lucharán contra las infecciones, tanto víricas como bacterianas. El organismo reacciona elevando la temperatura corporal para facilitar la labor de las defensas frente al combate contra la infección.

El hipotálamo, es el responsable de la regulación de nuestra temperatura y la aumenta por encima de su nivel habitual. Es una reacción, no una enfermedad en sí. Es un síntoma que no causa daños orgánicos.

¿Qué síntomas acompañan frecuentemente a la fiebre?

Generalmente se puede apreciar la fiebre al tocar al niño. Además, el cuerpo reacciona produciendo otros síntomas que se pueden detectar, como el aumento de los latidos del corazón y la frecuencia respiratoria. También puede acompañar rubor facial y ojos “vidriosos”, más brillantes. Junto con estos síntomas podemos encontrar dolor de cabeza, sensación de frío e inactividad. Es necesario confirmar la fiebre con un termómetro homologado.

¿Es necesario bajar la fiebre totalmente?

Al haberse producido la elevación de la temperatura, las defensas trabajarán mejor contra el virus o bacterias que produjeron la infección. No es necesario tratar la fiebre hasta bajarla hasta la temperatura habitual, pero si es aconsejable aliviar el malestar que produce la fiebre.
Sin embargo, si el niño juega, está tranquilo y contento, no es necesario bajar la temperatura, ya que con ello no se acelerará el proceso de curación.
Lo más importante es saber la causa y estar pendiente de aquellos síntomas que puedan sugerir gravedad o complicación.

¿Qué es conveniente hacer para bajar la fiebre?

Es aconsejable que mientras dure la fiebre el niño permanezca en casa descansando.
Para bajar la fiebre para que el niño se encuentre más confortable, es habitual el uso de medicamentos antitérmicos como son el paracetamol y el ibuprofeno. Es importante seguir las indicaciones que nos haya dado el médico en cuanto a frecuencia de administración y dosis. También debemos consultar si es conveniente, o por el contrario no lo es, alternar ambos medicamentos.
Por regla general, entre una toma y otra de paracetamol hay que dejar pasar entre 4 y 6 horas, y nunca administrar antes de los 3 meses de vida, y entre 6 y 8 horas para poder repetir una dosis de ibuprofeno, y no administrarlo antes de los seis meses, o el año, según la indicación que nos dé nuestro pediatra.
De forma adicional o alternativamente se pueden utilizar otras medidas para disminuir la fiebre, como desabrigar ligeramente al niño si se encuentra demasiado abrigado. No es recomendable aplicar paños con alcohol.
Es recomendable tratar la fiebre solamente cuando se acompaña de malestar, pero no con la finalidad de bajarla.
Es importante animar al niño a que beba líquidos frecuentemente para recuperar la pérdida que produce el aumento de temperatura.

¿Qué síntomas deben alertar cuando el niño tiene fiebre?

Como regla general, se recomienda consultar al médico:

  • Cuando la fiebre dura más de 48-72 horas.
  • Ante temperaturas por encima de 39ºc en niños entre 3 y 6 meses.
  • Con temperaturas de 40ºc en cualquier edad.
  • Cualquier fiebre en niños menores de 3 meses.
  • Cuando aparece irritabilidad no habitual o inactividad excesiva.
  • Si apreciamos mal aspecto general.
  • Si se asocia dificultad respiratoria: se marcan las costillas y se hunde el esternón, o si se oyen silbidos al respirar, o con respiración muy rápida y agitada.
  • Cuando aparecen manchas de color rojo-morado que no desaparecen al estirar la piel de alrededor o una erupción durante el proceso febril.
  • Si apreciamos rigidez de cuello.
  • Cuando disminuye la cantidad de orina.
  • Si se asocian vómitos o diarrea muy abundantes y persistentes y el niño no tolera líquidos.